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rybka

La primera pregunta que surge es:  ¿Cuánto tiempo al día tengo que dedicar a estimulación de mi hijo? Según cada especialista es distinto. Hablan de 25 horas semanales. Otros dicen que tienen que ser 40.  Conozco a muchas madres que dejaron su trabajo para dedicarse a la estimulación a tiempo completo.

Yo le dedicaba a la estimulación el día entero. Desde que nos levantabamos hasta la hora de dormir no podía parar. Primero buscaba las actividades de manera intuitiva, luego aprendí con nuestras logopedas la técnica correcta. Y es cuando empezabamos a avanzar cada vez más.

Buscamos en casa una habitación con pocos estímulos para despistar y pusimos una mesa. Era muy dicícil sentar a nuestra niña y obligarla a estudiar. De alguna manera la tenía que engañar para que se sentara con algún juguete favorito. Las actividades tenían que seguír el siguiente ritmo:

1 juego favorito, 2 algo nuevo,  3 juego del que conoce algo y no le gusta mucho, 4 otro juego favorito.

¿Cómo enseñar a jugar? Nos sentamos en frente del niño y cogemos su mano y jugamos. Para que el niño entienda tenemos que hacerlo muchas veces y siempre ofrecerle una recompensa cuando está bien hecho: aplaudir o darle su comida favorita.

Funciona muy bien que jueguen ambos padres al lado del niño. Aunque el niño no mire de manera directa, ve de qué manera se juega y la siguiente vez que se le ofrecerá este mismo juego, ya se sentirá más familiarizado con él y tendrá menos temor a jugar y equivocarse.

Tenemos que aprovechar todo el tiempo para hablar y enseñar a nuestro hijo: desayunando, en el baño, yendo de paseo, etc. Todo lo que le queremos enseñar lo ponemos delante de nuestro hijo y suavemente le levantamos la cabeza  para que nos mire  y nombramos el objeto. Tendremos que hacerlo decenas y decenas de veces. Vendrá la desesperación. Pero hay que seguir y estimular a todas horas con música, juegos, animales, paseos, luces … con todo lo que se os ocurra.

Muy importante es encontrar lo que le gusta al niño. Nosotros hemos descubierto que a nuestra hija le gustaban los peces. No veía a los gatos que se ponían a su lado, pero se quedaba mirando a la pecera. Después de haber visto en un puzzle un pez, cogíamos su dedo índice y señalabamos los peces: en la pecera, en todos los dibujos que aparecían. Compramos todos los cuentos con peces, vimos dibujos animados con peces. Con ellos aprendió los colores y tamaños. En la bañera jugabamos con ballenas, fuimos varios veces al zoo y solo mirabamos a los peces. A otros animales no los veía. Poco a poco empezó a distinguir a otros animales, meses después vio al gato a su lado y lo acarició.

¡Buscad lo que interesa a vuestro hijo!

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